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DERRAMADA FICCIÓN DENTRO DE UNA CUTRE REALIDAD     ¿Dónde empiezan los malabares y acaba la costumbre? ¿Dónde arranca la orfebrería y se terminan los cimientos? Solo somos gusanos buscando más y más, y ya no hay, ya se acabó. Donde la realidad se desenmascara en una repetición constante del mismo acto, donde la risa precede a la guillotina y los silencios a la carcajada del destino.     Solo somos actores viejos, cansados y con demasiados ridículos a nuestras espaldas. Ahora nos enseñan como realizar un nueva obra, una nueva interpretación, una, con hilos en nuestras muñecas y trapo en nuestras gargantas. Ya se hacer de esclavo, pero se me da mejor ser villano. Cárceles de maderas nobles y esposas de terciopelo, sodomía con Britney Spears de fondo tirando pompitas de jabón. Enseña las fauces al menos, quiero ver bien el filo de la navaja.    Os contaré un secreto, no somos nosotros los que escogemos la canción, el libro, el cuadro, la pintura, la captu...
CORAZÓN DESPIDIENDOSE DE LOS RAYOS DE LUZ QUE SE MECEN ENTRE LAS NUBES     Donde se esconden los pensamientos, ahí mismo, en ese hueco diminuto tengo agazapadas las alegrías. Esas que me daban antes la vida, esas que ahora duran lo que dura el calor en el café. Esas que ahora se zambullen en alguna que otra lágrima, esas que ahora me tiran besos desde lejos, tan inocentes como provocativas.    Ya duermen entre el blanco silencio, donde mi boca se esconde cubierta de plata. Los años pasan para darnos lecciones, como envidio la necia juventud ya pasada, como sonríe la desafiante ingenuidad. Hay una palada más que dar, una piedra más que colocar, un peldaño más, una pirueta más, para que la dificultad sea tirabuzón, volante, el mejor adorno para este vestido llamado vida.    Y el filo de la navaja, cada día corta más, navaja heredada, con años de sudor, canto y apretar de dientes. Con pasado vestido de barro y hollín, con la faca pegada al costado preparada pa...
  Chiquillo temeroso de la velocidad con la que su sombra disimula al mirarlo Destruir, demoler todo para comenzar la obra de nuevo. La piedra convertida en polvo dentro del taller. El lienzo en la chimenea ardiendo como si se tratase del ingenuo Icaro al acercarse al sol. Olvidar quién soy para que la obra cobre más protagonismo que el autor. Borrar cualquier atisbo de la identidad para que la creación tenga foco central. Es de ser alguien tan soberbio como estupido pensar que eso es posible, pues soy quien soy y lo que nazca de mí, tendrá el peso de mi pasado. Y por más que me odie no soy nadie para privar a mi obra de su identidad. Llevo días pensando en cómo voy a enfrentarme a mi propio rechazo, en una lucha interna y caníbal, detestando cualquier resultado que no sea el de borrar todo y dejar solo silencio y oscuridad, pero la necesidad de callar mis voces es más fuerte que el miedo a ser escuchado. Cuando sentir se hace más fuerte que temer, ese, ese es el momento en e...